Una vida para dos Comisarías

En 2026 la Confederación Hidrográfica del Ebro cumplirá 100 años. Algunos de sus trabajadores tienen el empeño de recoger a través de varias vías una historia ligada a la gestión del agua y que, además, puede reflejar los cambios de la sociedad. Es el caso de Adolfo Gutiérrez que ha querido contarnos la historia de la Comisaría de Aguas, que se integró en la Confederación tras la Ley de Aguas de 1985, a través de las vivencias de tres trabajadores que siguen en esta Unidad: Sara Estella, José Manuel Alloza y Mª Carmen Belmonte. Un homenaje a ellos y a todos los trabajadores, que, además, adquiere un sentido especial en estos tiempos complejos para todos de la COVID-19 y que ha obligado adaptarse para mantener los servicios esenciales que desarrolla el Organismo.

El autor quiere agradecer a Consuelo Pérez la búsqueda de documentación de interés en el archivo y a Félix Peláez su cuidadosa digitalización de materiales de esta procedencia. Asimismo y de manera muy especial, reconocer y agradecer a Carmita Belmonte y Sari Estella su aportación de fotos personales

Una pequeña introducción

Sara Estella (o Sari, como suelen llamarla sus compañeros), José Manuel Alloza y Mª Carmen Belmonte (Carmita para sus compañeros) se incorporaron a la Comisaría de Aguas del Ebro en los años 1973, 1974 y 1975, respectivamente, y en ella vienen trabajando como auxiliares administrativos hasta el día de hoy, en el que José Manuel desarrolla su labor en el Área de Régimen de Usuarios (que se dedica a labores eminentemente jurídicas, tales como denuncias, recursos administrativos o distintos aspectos de la actividad de las comunidades de regantes) y Carmita y Sari en el de Gestión del Dominio Público Hidráulico (cuyo objeto son, fundamentalmente, las concesiones de agua; en el caso de Sari, dentro de un Servicio dedicado en exclusiva a aprovechamientos hidroeléctricos).


Uno de los cambios que han vivido, aparentemente el más anecdótico de todos, es el que da pie al título de este artículo. Desde 1959 hasta 1985, coexistieron a pocos metros de distancia, en los números 24 y 28 del Paseo de Sagasta, dos administraciones hidráulicas: la Comisaría de Aguas del Ebro y la Confederación Hidrográfica del Ebro.

La primera, ejerciendo unas funciones que más o menos se corresponden con la Comisaría actual, pero como órgano administrativo del Ministerio de Obras Públicas (en concreto, de la denominada “Comisaría Central de Aguas”); para hacernos una idea, podríamos decir que el Comisario del Aguas del Ebro era entonces, en Zaragoza, una especie de “Presidente de la Comisaría”. En cuanto a la Confederación Hidrográfica del Ebro de aquella época, disponía de un estatus administrativo de organismo autónomo y estaba integrada por la Dirección Técnica y la Secretaría General que conocemos actualmente.

Antes de 1985, durante la festividad de Santo Domingo de la Calzada (patrono de los Cuerpos de Obras Públicas), era tradicional la celebración de un partido de fútbol que enfrentaba a la Comisaría de Aguas del Ebro contra la Confederación Hidrográfica del Ebro. La imagen, correspondiente al año 1971, muestra a José Manuel Estella (izquierda) y a Luis Aranda, los respectivos capitanes de cada equipo; la Comisaría viste de blanco (Fotografía: Sari Estella)

La Ley de Aguas 29/1985, de 2 de agosto, y varios Reales Decretos de ese mismo año, establecieron la estructura vigente a día de hoy, que podríamos explicar, resumidamente, diciendo que la anterior Confederación Hidrográfica del Ebro se vio ampliada con la incorporación de una Unidad completa (la Comisaría de Aguas del Ebro). A estas se añadiría, tres años después, una Unidad de nueva creación que experimentaría un rápido desarrollo: la Oficina de Planificación Hidrológica.


Por otra parte, es interesante recordar que la Confederación Hidrográfica del Ebro también incorporó en 1985 (esta vez dentro de los Servicios de la Dirección Técnica) un singular organismo autónomo que existía dentro del organigrama del Ministerio de Obras Públicas: el Canal Imperial de Aragón, obra ligada para siempre al nombre de Ramón Pignatelli, el insigne canónigo ilustrado aragonés, fallecido en 1793, bajo cuya dirección fue ejecutada en su mayor parte.

Fragmento del Boletín Oficial del Estado del 12 de octubre de 1959, en el que pueden observarse las primeras líneas del Decreto (que firma Francisco Franco y refrenda el Ministro de Obras Públicas, Jorge Vigón) que dispone la separación orgánica de la Comisaría de Aguas y la Confederación Hidrográfica del Ebro. La palabra utilizada en el título, el verbo “restablecer”, resulta muy indicativo de los avatares administrativos por los que había pasado el ejercicio de estas competencias.
(Imagen tomada de la página web del Boletín Oficial del Estado, http://www.boe.es, dentro de su base de datos Gazeta)


Tras las diversas configuraciones de administración hidráulica “ensayadas” desde el siglo XIX (particularmente, a partir de la creación de las Divisiones Hidrológicas, en 1865), las “dos almas” de aquélla: el fomento/explotación de infraestructuras y el otorgamiento/control de autorizaciones/concesiones, quedaban finalmente (al menos hasta el día de hoy) englobadas en un mismo organismo, el que hoy denominamos “Confederación Hidrográfica del Ebro”.

La llegada a la Comisaría de Aguas del Ebro

Yo entré con 17 añicos”, cuenta Carmita, aunque quizá sorprenda más saber que había pasado ya por otros dos trabajos, uno en la Mutua Madrileña, que concluyó tras una reestructuración de plantilla, y el siguiente en Bombas Ítur, donde estuvo pocos días, ya que, al enterarse de la convocatoria de algunas plazas en la Comisaría, decidió presentarse. “Decían que no había nada que hacer y que se iban a presentar bastantes chicas, pero al final sólo nos presentamos dos…Nos examinó Miguel Agüeras, que era un Abogado joven y majo. Nos hizo un dictado a taquigrafía y luego lo teníamos que traducir a máquina. Aparte nos hicieron redactar un oficio. Al final me cogieron a mí”. Según pudo saber después, la ausencia de faltas de ortografía en su examen resultó determinante.

El primer sueldo de Carmita fueron diecisiete mil quinientas pesetas (105 euros), cifra que, a pesar de lo que pueda pensarse hoy, a ella le resultó importante, dado que en su trabajo anterior cobraba seis mil.

Me acuerdo que me examiné el 14 (de noviembre de 1975), viernes, y el 17 empecé a trabajar”. Llama la atención la importancia histórica de estos días: el mismo viernes del examen de Carmita, España (con la proximidad de la tensión por la “marcha verde”) firmaba un Acuerdo con Marruecos y Mauritania por el que se producía su salida del Sáhara Occidental, mientras que el jueves siguiente, 20 de noviembre, fallecía Francisco Franco.

El primer sueldo de Carmita fueron diecisiete mil quinientas pesetas (105 euros), cifra que, a pesar de lo que pueda pensarse hoy, a ella le resultó importante, dado que en su trabajo anterior cobraba seis mil.


El día 6 de agosto del 73”. Sari no tiene ninguna duda al precisar la fecha de su primer día de trabajo. “Estaba el primer Comisario: Juan Reguart, que se jubilaba ese mismo año en octubre”, continúa Sari. “Lo conociste, pues”, señala José Manuel, lo cual se explica teniendo en cuenta que llevaba ocupando el puesto de Comisario de Aguas del Ebro desde que fue creado, en 1959. Sari recuerda sus nervios de aquel primer mes, en el que las vacaciones de buena parte del personal propias de la época, determinó que esos días sustituyera a Mª Carmen Robledo, Secretaría del Comisario. “Yo que no había trabajado en mi vida, que me decían la palabra expediente y me parecía aquello…bueno…Era tal apuro el que tenía que yo recuerdo que me metía el almuerzo en el cajón…y no almorzaba. ¡No lo sacaba, de verdad!…Me decía Antonio Doménech: ¿pero no almuerzas?, ¡No, no!, decía yo…y lo tenía y no me atrevía”.

Zaragoza de 1973. Fotografía de la Plaza Paraíso. Se observa la calle María Agustín, a la izquierda, y el edificio de la Capitanía General, a la derecha. En primer término, un trolebús de la línea “Ciudad Jardín”.
(Imagen y notas tomados de https://www.flickr.com/photos/zaragozaantigua/34226747323/in/album-72157646206564654/ el 7-12-2019. Datos reseñados en el enlace: “Foto de Proyecto GAZA («Gran Archivo Zaragoza Antigua»), compendio de imágenes de la antigua Zaragoza (España), acompañadas de textos creados por José María Ballestín Miguel y la colaboración de Antonio Tausiet. adioszaragoza.blogspot.com)

Sari recuerda con precisión lo que cobraba en 1980, 30.000 pesetas (180 euros), porque el importe era el mismo que el de las letras del piso que se compraron por entonces.


Pues la llegada fue el 4-9-74”, señala José Manuel con la misma seguridad que mostraron Carmita y Sari. Su examen había tenido lugar en la Sala de Juntas y recuerda especialmente el ruido que hacía la fotocopiadora que había allí al lado, manejada por Julio Álvarez. Sari aclara que, poco tiempo después de entrar ella a trabajar, se puso una fotocopiadora (la primera), hecho vivido entre el personal como un acontecimiento, y la persona responsable era él.

José Manuel experimentó en sus propias carnes (y sobre todo en sus propios bolsillos) lo que supuso alcanzar los 21 años, ya que, después de cuatro años de trabajo, tuvo que irse a “la mili”. Trece meses y medio, entre Vitoria y Logroño


Hoy día puede llamar la atención que la mayoría de edad* se alcanzaba entonces a los 21 años. El umbral actual, de 18 años, fue establecido en 1978.

*NOTA: La mayoría de edad está regulada por el Código Civil (art. 320). Inicialmente (1889), se alcanzaba a los 23 años. La Ley de 13 de diciembre de 1943 lo modifica y queda fijada en 21 años. Finalmente (y poco antes del referéndum de la Constitución), el Real Decreto-ley 33/1978, de 16 de noviembre, la modifica por última vez, quedando establecida hasta hoy en los dieciocho años.


José Manuel experimentó en sus propias carnes (y sobre todo en sus propios bolsillos) lo que supuso alcanzar los 21 años, ya que, después de cuatro años de trabajo, tuvo que irse a “la mili”. Trece meses y medio, entre Vitoria y Logroño. “¡Mal negocio!”, protesta: “Las trescientas pesetas no me daban al mes. Al final lo subieron a quinientas” (1,8 y 3 euros, respectivamente). Aunque posteriormente se ha reconocido este periodo a efectos de cotización a la Seguridad Social, el sueldo no era el mismo que trabajando.


También puede sorprender que Carmita, cuyo padre había muerto siendo ella una niña, tras vivir la pérdida de su madre, ya con diecinueve años, se encontró con la exigencia legal de que debía ser nombrado un tutor.

Primeros años de movilidad, aprendizaje…y timidez

Sari Estella, junto a Josefina Meseguer, en sus respectivos puestos de trabajo, dentro del edificio de Sagasta 28, en 1980. Las máquinas de escribir o el teléfono de la pared evidencian el tiempo transcurrido (Fotografía de Sari Estella)


Los tres comentan lo habitual que era tener que cubrir puestos en servicios o unidades distintos por necesidades de personal.

Carmita y José Manuel todavía ponen gesto de preocupación al recordar su paso por Pagaduría, la Sección encargada de preparar los sobres con el salario en metálico de cada empleado, al que se le entregaba personalmente.

“¡Si había un error de una peseta, había que abrir y comprobar todos los sobres de nuevo!”, dice Carmita, “¡Pero igual habías hecho cuatrocientas!”, apostilla José Manuel, que también recuerda, con cara de agobio todavía hoy, la experiencia de tener que llevar o traer del Banco de España maletas con elevadas cifras de dinero (de hasta varios millones de pesetas), normalmente relacionadas con las nóminas del personal, y el temor que les producía la posibilidad de ser asaltados por el camino.


Al hilo de esto, Sari recuerda que a ella también le tocó hacer sustituciones de la telefonista, Carmen Lorente, durante los meses de agosto, por lo que tenía que estar “en el cuartito”. No obstante, al considerarse que había menos llamadas en esa época, para los ratos en que no atendía el teléfono, le ponían “una involca”, un carrito, para poner la máquina manual y entonces «hacía líneas eléctricas y telefónicas: autorizaciones para cruzar los cauces con líneas eléctricas y telefónicas«.


Yo, realmente, en el único sitio que no he trabajado ha sido en obras”, comenta.

Carmita señala que ella «¡hasta con el Comisario! Un día no estaba Mª Carmen Robledo, la Secretaria del Comisario, y tuve que ir yo a sustituirla».

«En esto, el Comisario, que estaba con una visita, sale y me dice: “ponnos unos whiskis”… El despacho del Comisario tenía una habitación contigua donde había una nevera, un armario de bebidas y un baño con ducha. Con que yo me acerqué a ver si encontraba el whisky, pero entre todas las botellas, yo no sabía distinguir si era whisky, cognac o qué: yo, ¡fíjate, 17 añicos que tenía!, ¡en mi casa eran todo mujeres y ninguna bebíamos! Entonces me dije: ¡Carmita, tienes que descararte!, así que me asomo al despacho otra vez, le hago una señal al Comisario para que se acercara donde yo estaba, viene y le digo: mire, en mi casa somos todo mujeres y no bebemos, ¡yo no sé cuál es la botella del whisky! Me dijo: “no te preocupes, ya los pongo yo”, y salí, ¡pero pasé un apuro!, ¡yo ahí, recién entrada, con los señores en el despacho!”.

Despacho del Comisario de Aguas del Ebro, situado en la primera planta (con vistas a Sagasta y al patio entre los dos edificios actuales de la CHE). La época, 1964, se evidencia por el retrato de Francisco Franco que aparece en la mesilla de la esquina. La mesa de escritorio (o al menos el mismo modelo) se encuentra actualmente en el vestíbulo de la tercera planta del nº24 (que ocupa la Comisaría). Resulta de sorprendente actualidad la petición del letrero que hay en la pared, sobre la silla del Comisario, visible para los visitantes: “NO FUMEN. Gracias”, si bien el cenicero sobre la mesilla entre los sillones parece delatar cierta resignación. (Archivo de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Foto: Estudio Coyne)

Posteriormente, al haber mucho trabajo, Sari tuvo que repartir su jornada entre dos puestos: de nueve a once de la mañana, en Denuncias, donde dependía de Santiago Coello y Rafael Tarragó, preparando pliegos de cargos. Con el intermedio de un café, “cambiaba el chip” y continuaba al servicio de Emilia Hernández, única Letrada de la Comisaría de entonces. Allí coincidió con Josefina Meseguer, de la que guarda un recuerdo muy especial como compañera (“me sentía muy arropada con ella, ¡me echaba unos capotes!”) y también como amiga, entre otras cosas por haberle confiado alguna que otra duda cuando se estaba iniciando su vida sentimental.


“Recuerdo una mañana en que bajó a dictarme a la máquina una nota Santiago Coello. ¡Tal era mi nerviosismo, que al dar a las teclas de la máquina, se me subían todas…y yo las bajaba…y se volvían a subir! Era una nota de servicio, de esas cortitas que se enviaban al guarda para pedir informe…eran cosas interiores…y entonces ya me dijo: “Bueno, Sarita: me pones ya la antefirma y la subes para que la firme”. Se va y le digo a Josefina, que estaba enfrente: ¡ay, Jose!, ¡qué mal me ha salido! Ella me dice: “¡quítala y hazla de nuevo!” Y entonces la hice de nuevo y ya…¡perfecta! La subí y él no se dio cuenta…¡a mí me sirvió mucho su apoyo!”.

Sari Estella y Josefina Meseguer consultando fichas de expedientes (imagen posterior a 1985). Cada vez que tenía lugar un trámite dentro de un procedimiento administrativo en curso, además de incorporarse el documento a los existentes en el expediente, se realizaba un apunte que lo reflejara dentro de su correspondiente ficha. Este sistema de trabajo quedó desfasado hace años con la introducción de la aplicación informática de gestión de expedientes (llamada “Integra” en el caso del Ebro), que permite ver en cualquier momento el estado del expediente digitalizado y buena parte de su contenido. (Fotografía de Sari Estella)


Particularmente tensa recuerda Sari la tramitación del “primer trasvase del Ebro”, el que tenía como destino de las aguas Sagunto. Dio lugar a tal volumen de alegaciones que debían ser recogidas en Correos con maletas y hubo de reforzarse el personal que atendía el Registro, tarea en la que ella participó, para poder dar entrada a todo lo que se recibía.


En otra ocasión, todavía al principio, Sari tuvo que sustituir una baja maternal (de Marisa Velilla) en Expropiaciones* , bajo la dependencia de José María Auría, donde coincidió con Marina Sierra. Todavía recuerda lo extraño que le resultó escuchar por primera vez “justiprecio”, palabra que nunca había oído y que tanto tuvo que mecanografiar al dictado.

*NOTA: Desde las Comisarías también se ejercían potestades de expropiación y establecimiento de servidumbres.

El año 76 hubo un problema cuya causa no tienen clara, pero sí sus consecuencias: resultó que durante casi tres meses, de enero a marzo, a ciertas categorías del personal, en las que ellos se encontraban, no se les ingresaba el sueldo. Al llegar marzo, recuerda Sari, había padres de familia y estaban muy apurados. Ello dio lugar a unas protestas de las que recuerdan sobre todo “una sentada” en las escaleras de la Comisaría, impidiendo el acceso. Finalmente, consiguieron cobrar. “¡Eran los tiempos buenos de los sindicatos!”, apostilla José Manuel.


“Cómo ser mujer y no morir en el intento”

Luego ya me contaron…lo de los pantalones no estaba bien visto”, continúa Sari, “pero lo de los escotes yo lo he vivido. A mí me hicieron un comentario muy machista…


«Entonces se podía fumar en los centros de trabajos, pero en las mujeres no estaba bien visto. Yo recuerdo que mi padre me aconsejaba: Como no fumen los demás, a ti ni se te ocurra fumar en el despacho, así que nos íbamos a fumar al lavabo porque no estaba bien visto”, comenta Sari. “Lo de los pantalones ya no lo viviste tú eso, ¿no? Fue muy anterior ¡Eso de llevar pantalones las mujeres!”, señala con sorna José Manuel.


Luego ya me contaron…lo de los pantalones no estaba bien visto”, continúa Sari, “pero lo de los escotes yo lo he vivido. A mí me hicieron un comentario muy machista…¡Vamos!, un escote que se me veía un poquito el nacimiento y me dijeron: “Oye, ¿pero así vienes tú a trabajar? ¡Se te ve el panecillo!”…¡Pues ese comentario me lo hizo una mujer! Entonces…claro, yo era rebelde, y le contesté: ¿pero me vas a decir tú cómo tengo que ir vestida, si no me lo dicen personas allegadas a mí?…Me gané la enemistad de esa persona, evidentemente”.

Emilia Hernández, Letrada, era “la única jefa entre jefes”, los tres coinciden en concluir que el hecho de ser mujer le restó oportunidades, reconocimiento e ingresos

Sobre la vestimenta femenina en el trabajo. La imagen, de 1973, muestra a una de las trece primeras mujeres incorporadas a la plantilla de la Policía Municipal de Zaragoza dirigiendo el tráfico en el cruce de la Calle Alfonso I (parte inferior central y derecha de la imagen) con Espoz y Mina (esquina inferior izquierda).
(Imagen y notas tomados de https://www.flickr.com/photos/zaragozaantigua/31190455932/in/album-72157646206564654/ el 7-12-2019. Datos reseñados en el enlace: foto de Proyecto GAZA («Gran Archivo Zaragoza Antigua»), compendio de imágenes de la antigua Zaragoza (España), acompañadas de textos creados por José María Ballestín Miguel y la colaboración de Antonio Tausiet. adioszaragoza.blogspot.com)

Emilia Hernández, Letrada, era “la única jefa entre jefes”. Carmita y Sari recuerdan cómo valoraban esa circunstancia y los tres coinciden en concluir que el hecho de ser mujer le restó oportunidades, reconocimiento e ingresos si se la compara con sus homólogos masculinos, algo que, según señalan, dentro de la sociedad de entonces, mucho más machista, no resultaba extraño*.

Emilia Hernández, Letrada de la Comisaría de Aguas del Ebro y única “jefa entre jefes” en los años 70 (Fotografía de Carmita Belmonte).

* NOTA: Un par de datos, para reflexionar sobre los cambios que el tiempo ha producido:

a.- A modo de contraste con lo expuesto, se han contabilizado “a ojo” sobre el organigrama de la Confederación (consulta realizada el día 11-12-2019) los trabajadores funcionarios de nivel 24 o superior y los laborales de categorías L1 y L2 (es decir, los puestos tradicionalmente asociados al concepto “jefe” a que se ha hecho alusión). En el caso de la Comisaría de Aguas, encontramos que hay veintinueve mujeres y veintiséis hombres en el perfil descrito.

b.- Significativos cambios de la redacción del artículo 1387 del Código Civil (dentro del Libro IV, Título III, sobre el Régimen Económico Matrimonial). Cabe aclarar que los “bienes parafernales” a los que se aludía en él se definían antiguamente en el propio Código (“los bienes que la mujer aporta al matrimonio sin incluirlos en la dote y los que adquiere después de constituida ésta, sin agregarlos a ella”) y que el régimen jurídico de la dote , muy ocasionalmente aludido en el Código Civil actual, era tratado pormenorizadamente:

  • (en vigor desde el 8-6-1981 hasta el día de hoy): ”La administración y disposición de los bienes de la sociedad de gananciales se transferirá por ministerio de la ley al cónyuge que sea tutor o representante legal de su consorte.”
  • (en vigor desde el 5-5-1975 hasta el 87-6-1981): “La mujer puede disponer por sí sola de los bienes parafernales sin perjuicio de lo dispuesta en el artículo 61 de este Código”.
  • (en vigor desde el 16-8-1889 hasta el 5-5-1975): “La mujer no puede, sin licencia de su marido, enajenar, gravar ni hipotecar los bienes parafernales, ni comparecer en juicio para litigar sobre ellos, a menos que sea judicialmente habilitada al efecto”.

El peso de la jerarquía


Al preguntarles si entonces se notaba mucho la jerarquía, si se marcaban las distancias, los tres lo tienen muy claro: sí.

A todos los jefes se les trataba de usted. Sari sonríe al recordar a un ayudante de Obras Públicas (denominación de entonces, que después cambió a Ingeniero Técnico de Obras Públicas) del que se sabía que prefería el tratamiento de Don y a quien ella conscientemente siempre se dirigía como Sr… , uso que, por otra parte, era el más común.

“Al único que llamábamos Don era al Jefe de División, pero porque era una cosa implantada…Don Gonzalo Guedea”, precisa Sari, señalando también (y ratificando José Manuel y Carmita) su gran bondad y el aprecio que se le tenía (“en su caso, no costaba nada lo de Don”, comentan).


Hablando sobre la relación jefes-subordinados en términos generales, señala Carmita: “Los jefes eran una cosa aparte, ¡casi daba miedo entrar a decirles algo!”, y añade Sari: “Infundían mucho respeto, quizá demasiado…casi rayando…¡A ver!, eran otros tiempos, se trabajaba de otra manera. También… cuando tú necesitabas algo particular… quizá eran más humanos”. Que todos los jefes fueran, con una única excepción, hombres, contribuye, comentan ambas, a esa percepción.


Y ahora a los jefes: de tú, de tú, de tú,…”, concluye José Manuel, cuya expresión delata que no deja de sorprenderle a pesar del tiempo transcurrido.


En esta situación de distancias tan marcadas, también surgían, además del pelota de toda la vida, casos tan particulares como este que relata Carmita: “Había una persona mala…porque ya es decir mala… que escondía los expedientes, algunos de los importantes. Cuando el jefe preguntaba por ellos, el expediente no aparecía, y cuando ya se había cansado la gente de buscarlo…ella lo encontraba”. “¡Aquí lo tiene!”, dice José Manuel, imitando a la compañera en cuestión.

Con estos mimbres…

Sala de delineación de la Comisaría de Aguas del Ebro en 1964. Probablemente, esta actividad es una de las más transformadas con la irrupción de la informática y los programas de dibujo asistido. En la imagen pueden llamar la atención el lavabo como parte de los medios existentes en la sala, los tableros de trabajo individuales con medios manuales o la mesa de grandes dimensiones que, junto con la guillotina del fondo a la derecha, dan idea de los formatos de plano muy alargados y necesariamente plegados al guardarse que resultaban tan comunes en obras o realidades esencialmente lineales (conducciones, cauces, etc.). (Archivo de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Foto: Estudio Coyne)

Al hablar de los medios de trabajo de entonces, lo primero que recuerdan es el papel carbón (esta antigua técnica tiene una presencia cotidiana hoy día en los correos electrónicos cuando se utiliza la opción “CC” al enviar y que son las siglas de copia en carbón), una hoja que, al ser presionada por una determinada letra de la máquina de escribir, hacía que dicha letra se marcara en las hojas de papel que había bajo ella, por lo que se podían hacer copias a la vez que un original. “Tenemos que hacer tantas copias, nos decían, ¡pues a poner el papel carbón nuevo para que llegara para todas!”, comenta Sari. “Que te equivocabas y tenías que poner papelitos …¡Y que corría prisa!…te ponías nerviosa porque se te podían saltar las teclas, que era aún peor”, añade Carmita.


Sari destaca la calidad de los informes (¡manuscritos!) que hacían los jefes. A modo de reflexión general sobre el trabajo que se hacía entonces, señala: “Antes, con muchos menos medios, había mucha calidad en el trabajo. Ahora hay mucha más cantidad, pero no sé si más calidad”.


Aparte del dictado de informes que se recogían tomando notas taquigráficas luego traducidas en la máquina de escribir, también era habitual el uso de magnetófonos que, una vez grabado de viva voz el contenido del texto, era mecanografiado a medida que se reproducía en fases con la ayuda de un pedal que permitía la puesta en marcha y la parada de la grabación.


Los tres recuerdan la llegada del primer ordenador y el miedo o, más bien respeto, que causó. “¡Nosotras éramos de taquigrafía y máquina y la llegada de “las modernidades” nos descolocó!” resume Carmita.

Santo Domingo de la Calzada: “Comisaría vs. Confederación”

Otro de los momentos más esperados era el partido de fútbol que enfrentaba a la Comisaría de Aguas con la Confederación. “¡Eso era un Derby, de verdad!”

Santo Domingo de la Calzada, patrono de los Cuerpos de Obras Públicas, se celebraba conjuntamente por la Comisaría y la Confederación con varios actos. Uno de ellos, cuenta Carmita, consistía en elegir por votación a una Reina de las Fiestas y sus dos Damas de Honor. Las distinciones se entregaban en el aparcamiento y una banda musical que varios trabajadores constituían para la ocasión amenizaba el acto. “¡Qué vergüenza, cuando pasaba la gente y escuchaba Paquito el Chocolotero y cosas de esas!”, recuerda.

Otro de los momentos más esperados era el partido de fútbol que enfrentaba a la Comisaría de Aguas con la Confederación. “¡Eso era un Derby, de verdad!”, señala Sari, “…Y casi siempre ganaba Confederación”. Entre risas, también recuerda un año en el que el equipo de Comisaría formó “con un fichaje dudoso”: jugó de portero Clavo, trabajador de Correos, que habitualmente era quien llevaba la correspondencia a la Comisaría. “¡Es que ese no es trabajador!”, alegaba el equipo de Confederación. “¡Sí, sí que es trabajador!”, se contestó enseguida por el de Comisaría, “¡y claro que no era trabajador!, ¡le habían puesto de portero porque era más alto!”, finaliza Sari.

12 de mayo de 1964, Santo Domingo de la Calzada. El equipo de fútbol de la la Comisaría de Aguas está formado por los siguientes jugadores (los números apuntados aparecen el original): 1-Santos Soria, 2-Luis Mira, 3-Antonio Doménech, 4- Albino Coutado, 5-Juan Antonio Mesa, 6-José Mª Loscertales, 7-Eduardo Belsué, 8-Juan Manuel Estella, 9-Ángel Oliva, 10-Delfín Campos, 11-Santiago Andrés (Fotografía de Sari Estella)
“Seguidores” del equipo de la Comisaría en el partido de Santo Domingo contra Confederación. Entre ellos, Paquita Repollés (a la izquierda, de pie), Luis Asensio y, a su derecha en la imagen, Josefina Meseguer. Hasta el momento, no hemos conseguido encontrar el significado del lema de la pancarta. (Fotografía de Sari Estella)
No era Santo Domingo la única festividad reseñable. Durante años, la Comisaría de Aguas del Ebro participó en la Ofrenda de Flores a la Virgen del Pilar (tal como reza el cartel). Primera participación de Carmita Belmonte, que aparece a la izquierda del cartel. A la derecha, vemos a Merche Barranco. (Fotografía de Carmita Belmonte)

El final de una Comisaría…y de algo más


Hay una cierta amargura en su recuerdo del final de la “Comisaría independiente”, lo cual parece explicarse, a la luz de los comentarios que van surgiendo durante la conversación, por diversas razones:

  • Dejar atrás una Unidad caracterizada por la relación estrecha de todo el personal.
  • Un cambio de ubicación (pasando del edificio del número 28, que no dejó de seguir prestando servicio a “la nueva Confederación”, a la tercera planta del número 24) general y repentino (hasta el punto de que optaron por trasladar personalmente las sillas que ocupaban, ante la incertidumbre de las que podrían ocupar), oficialmente debido a la necesidad de facilitar la integración de todas las unidades y, según los rumores que circulaban, más relacionados con la comodidad del nuevo equipo directivo.
  • Equipo directivo con otro estilo en el trato del persona y un trabajo de enorme volumen e importancia que, por su fuerte carácter administrativo, o bien no se percibe fuera de la propia Comisaría, o bien queda totalmente relegado frente a todo lo relacionado con las grandes obras hidráulicas del Estado, que normalmente se identifican con el trabajo de la Confederación actual* .

*NOTA: En el caso de quien esto escribe, que ha tenido la oportunidad de trabajar en la Dirección Técnica y la Comisaría (en épocas muy recientes), no ha sido infrecuente percibir desconocimiento en la Comisaría del trabajo de la Dirección Técnica y percibir en la Dirección Técnica desconocimiento del trabajo de Comisaría, todo lo cual incluye también lugares comunes sobre los “criterios de actuación” de cada Unidad. Es posible, por otra parte, que sea inevitable, dadas sus diferencias de base: actuaciones materiales, de hacer o de dar agua a los usuarios, en el caso de la Dirección Técnica; otorgamiento de derechos y cumplimiento de obligaciones, en el caso de Comisaría.

No obstante, también creo, desde mi propia experiencia, que en la percepción general se suele asociar la labor de la Confederación con las grandes obras hidráulicas y mucho menos o incluso nada con otro tipo de tareas que son igualmente de su competencia.

También es curioso comprobar que en ese nuevo ambiente, algunos gestos no se olvidan, como una ocasión recordada por Carmita en la que el nuevo Comisario, con un escrito en la mano que, como pudo advertir, ella misma había preparado, se dirigía a su División pidiendo explicaciones sobre algunos errores que dicho escrito contenía (al parecer relacionados con la transcripción que había hecho ella). Carmita no olvida “el capote que le echó Boné” cuando, al percibir la llegada del Comisario con esa disposición, salió a su paso y le atendió personalmente.

Lo cierto es que el Boletín Oficial del Estado del 10 de octubre de 1985 recoge un par de resoluciones que sintetizan la nueva situación:

-El Real Decreto 1838/1985, de 9 de octubre, por el que se dispone el cese de los Delegados del Gobierno en las Confederaciones Hidrográficas, Delegados entre los que se incluía Eugenio Nadal Reimat en el caso de la Confederación Hidrográfica del Ebro.


-El Real Decreto 1839/1985, de 9 de octubre, por el que se nombra Presidentes de las Confederaciones Hidrográficas, Presidentes entre los que es incorporado Eugenio Nadal Reimat para la Confederación Hidrográfica del Ebro.

A estas se uniría, pocos días después, una Orden Ministerial (De 21-10-1985, publicada en el BOE del 31-10-1985) por la que se nombraban los Comisarios de Aguas y Directores Técnicos de todas las Confederaciones Hidrográficas, resultando que, para la Confederación Hidrográfica del Ebro, los designados respectivos fueron Miguel Zueco Ruiz y José Antonio Vicente Lobera.

Perspectiva del edificio de la Comisaría de Aguas del Ebro que, a partir del año 1985, pasa a convertirse en una dependencia más de la actual Confederación Hidrográfica del Ebro, por más que en la actualidad siga ocupada, mayoritariamente, por personal de la Comisaría (Archivo de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Dibujo firmado por Doménech en 1963 y fotografiado por el Estudio Coyne en 1964)

Balance

José Manuel levanta la mirada y mueve la cabeza, abrumado por la cantidad de personas que han sido.


Cuando Sari, José Manuel y Carmita echan la vista atrás, no niegan que algún momento malo ha habido, en general relacionado, bien con algún disgusto en el trato con compañeros, bien con casos de determinados jefes que, a menudo, no trataban bien al personal a su cargo (que se gritara es algo que los tres recuerdan con particular desagrado). Tampoco guardan buen recuerdo de ciertos jefes que, en algunas ocasiones, consideraron como parte de su autoridad el encargo de trabajos que más tenían que ver con su propio interés particular que con las funciones que corresponden a la Administración.


Pero en el balance sobre todo pesan, a juzgar por sus caras y por las emociones que salen a relucir, los buenos momentos. Lo más evidente es el recuerdo de los compañeros y compañeras que han visto pasar y, en algunos casos, desaparecer.


José Manuel levanta la mirada y mueve la cabeza, abrumado por la cantidad de personas que han sido.


Carmita, a pesar de que encuentra aspectos positivos a la jubilación, no deja de pensar que cuando, en pocos años, le llegue ese momento, le resultará difícil no acudir a trabajar: “yo me iré con pena de irme”, concluye.
Y Sari constata con tristeza que casi todas las etapas determinantes de su vida guardan alguna relación con personas y periodos de su trabajo, una vida que, desde su entrada en la Comisaría, ha transitado por la adolescencia, el noviazgo, el matrimonio, la maternidad… y la viudedad.

Quizá uno de los cambios más visibles del paso del tiempo sea que Sari, Carmita y José Manuel (a quienes vemos sentados en la imagen), actualmente “tienen jefas en vez de jefes” (de izquierda a derecha: Silvia, Mª Cruz y Pilar), posando cada uno de ellos “delante de la suya” (foto AGN)

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