CUATRO GRANDES INUNDACIONES HISTÓRICAS DEL EBRO EN LA CIUDAD DE ZARAGOZA: 1643, 1775, 1871 y 1961 (II)

Segundo capítulo de esta investigación documental sobre las grandes inundaciones históricas del Ebro en Zaragoza. En esta ocasión Rogelio Galván  analiza la crecida de 1775, que fue denominada la inesperada . Galván es jefe de Servicio de la Oficina de Planificación Hidrológica y licenciado en Historia (Este texto previamente se publicó en la revista Papeles de Geografía).

Esta segunda parte da continuidad a la entrada «Cuatro grandes inundaciones históricas del Ebro en la ciudad de Zaragoza (I)«.

De la inundación del Ebro en 1775, la inesperada, hay una relación muy completa en la Representación que la Ciudad de Zaragoza dirige al Rey Carlos III (AMZ), por mano de Miguel de Múzquiz, en aquel momento Secretario de Hacienda, en septiembre de 1775 para lograr recursos económicos para recomponer los puentes de tablas y piedra, que de nuevo habían quedado deteriorados, aunque no tanto como en 1643, así como de una relación de los perjuicios en los campos de la ciudad presentada por los labradores de los diferentes términos (ibídem).

La inundación, “la espantosa y jamás vista avenida del Río Ebro” empezó el 22 de junio, una fecha sin duda atípica justo comenzado el verano astronómico

La inundación, “la espantosa y jamás vista avenida del Río Ebro” empezó el 22 de junio, una fecha sin duda atípica justo comenzado el verano astronómico[1], y tras una primavera muy seca en la que incluso se llegaron a realizar rogativas pro pluviam para que los cielos concedieran lluvia. En un primer momento no se dio demasiada importancia a la crecida: “que empezó en el día veinte y dos de Junio próximo pasado: la qual en principio no excitó mayor sobresalto, ya porque son muchas las veces que en cada año se advierten avenidas en este caudaloso río, ya porque la estación no era en la que suelen acontecer grandes inundaciones”.

Pero el día 23 a las dos de la mañana, ya se desbordaba “saliendo del curso natural y regular que llevaba en otras grandes avenidas” y llegaba hasta el barrio del Arrabal. El agua entraba en las casas más próximas al río y de nuevo en los conventos de Altabás, San Lázaro y Jesús.

Al ser una crecida tan tardía los efectos sobre las cosechas de los campos fueron devastadores: las mieses, las hortalizas, los ganados

En las primeras providencias del Corregidor, además de salvar a unos y otros, al ser de noche, se mandó aviso a los labradores que estaban durmiendo en sus casas de campo y “se providenció el enviar barcos para libertar a muchas gentes, pues a unas las había sitiado el Río en sus Casas de campo, a otras las había aislado”. Igualmente que en la vez anterior se pidió al Cabildo “que se pusiera al Santísimo de manifiesto” para contener las aguas.

El agua llegaba “hasta la Puerta de Sancho, dilatándose por el camino de la Ribera; y por el lado de allá de los Puentes, acia el camino de Cogullada, se extendía cerca de una legua”. Una legua son más de cinco kilómetros (5,5727 km), por lo que sin duda se trata de una exageración, dado que el núcleo de Cogullada se encuentra a menos de 5 kilómetros de Zaragoza, además de que se encuentra en su mayor parte en una zona más elevada fuera de la zona inundable (figura 8). Con todo, la inundación debía cubrir una gran extensión en la margen izquierda. A las once del día 23, se entiende de la mañana, comenzaron a bajar las aguas.

Al ser una crecida tan tardía los efectos sobre las cosechas de los campos fueron devastadores: las mieses, las hortalizas, los ganados. El gran caudal había arrancado los arboles, había llenado de cieno, había arruinado torres (casas de campo), cercas y canales.

El Ayuntamiento solicitó el 26 de junio a los labradores de los términos de riego del entorno de la ciudad que le remitieran una relación de los perjuicios ocasionados por la avenida, que los procuradores mayores de los diferentes términos van entregando en fechas posteriores.

Los términos afectados eran Rabal[2], Las Fuentes, Urdán, Almozara y Centén. Uno de los más afectados fue Rabal, incluyendo las partidas de Juslibol, Ranillas y Ortilla, Sotos del Cañar y Valimaña. Las acequias de Ranillas y Ortilla resultaron afectadas. Valimaña es topónimo del Gállego, mientras que Sotos del Cañar se encuentra en la confluencia entre Ebro y Gállego, por lo que junto a la referencia a Cogullada de más arriba invita a pensar que el Gállego también se encontraba crecido (figuras  8 y 9) aunque en la documentación disponible no se hace referencia a la misma. De hecho esta inundación parece proceder más de la cabecera del Ebro, pues por ejemplo es una de las más devastadoras de las que se tienen noticia en Miranda de Ebro (Burgos); allí tuvo lugar previamente entre los días 19 y 21 de junio (Ojeda San Miguel 1991), pero también afectó a Logroño o Tudela (Ministerio del Interior 2008)

FIGURA 8
Fragmentos de las primeras ediciones del Mapa Topográfico Nacional escala 1:50.000 (Mapas Nº 354 Alagón, 1930; Nº 355 Leciñena, 1927; Nº 383 Zaragoza, 1926; Nº 384 Fuentes de Ebro, 1927), en las que se señalan topónimos citados en los informes de las inundaciones de 1775 y 1871
FIGURA 8

Fuente: Instituto Geográfico Nacional (http://www.ign.es) y elaboración propia.

Por otro lado, casi desecho queda el puente de tablas y desplomado, mientras que “excabando por muchas partes la Ribera, había hecho desplomar a trechos la muralla y terraplén del pretil” que protegía la ciudad y que como se dice, consumía a la ciudad muchas sumas de dinero mantener.

Así, tanto los diques de la ciudad, como los puentes de tablas y piedra quedaron dañados y necesitaron  urgentes reparaciones y como hemos dicho la ciudad de nuevo se veía incapaz de acometer por su cuenta tal obra y solicitaba el auxilio de la Corona. Entre esta avenida y la anterior probablemente fueron levantados nuevos diques de protección y ganado terreno al río en la margen derecha en el entorno del antiguo convento de Santo Domingo o Predicadores ya referido (Lacámara Aylón 2015).

Fruto de la relación de daños en el campo, la ciudad solicita al rey la exención de toda o parte de la contribución de 1775. La solicitud se refuerza afirmando que además de los daños, se venía como se ha dicho de una situación de sequía general en la primavera. El rey concedería una exención de un tercio de la contribución del año.

FIGURA 9
Zona inundable para el periodo de retorno de 500 años en el entorno de la ciudad de Zaragoza sobre Mapa Topográfico Nacional 1:25.000
figura 9

Fuente: Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables. SITEbro. Confederación Hidrográfica del Ebro (http://www.chebro.es) y elaboración propia.

Poco tiempo después, en octubre de 1787, tuvo lugar otra crecida qprecedida en septiembre por otra menor, pero extrema en la cuenca del afluente Aragón que arruinó la localidad de Sangüesa (Navarra) causando numerosas víctimas

Poco tiempo después, en octubre de 1787, tuvo lugar una de las mayores crecidas del río Ebro (Ollero, 1996), que además estuvo precedida en septiembre, días 24 y 25, por otra menor, pero extrema en la cuenca del afluente Aragón que arruinó la localidad de Sangüesa (Navarra) causando numerosas víctimas (Ministerio del Interior, 2008). La de octubre de 1787, días 8, 9 y 10, es nombrada en el bajo Ebro la “riuda grossa” por la increíble magnitud que tuvo, devastadora y superior a todas de las que se tiene memoria y culmen de un periodo de aguas muy altas que en Tortosa (Tarragona), la ciudad más gravemente afectada, se notaba desde comienzos de mes de octubre (Miravall, 1997).

Sin embargo, como ahora veremos, en Zaragoza no fue tan grande, si quitamos que el Gállego también creció gravemente, hasta llevarse dos arcadas de su puente (AMZ); pero en aquel entonces este afluente no afectaba a zonas urbanizadas.

Además, las puntas de estas crecidas en Zaragoza y Tortosa son prácticamente coincidentes en el día 9 de octubre, lo que dado el tiempo de tránsito de Zaragoza a Tortosa (seguramente más de dos días) viene a decir que probablemente los afluentes Cinca y Segre tuvieron más que ver en la punta inundación de Tortosa y el bajo Ebro que los caudales que llegaban del Ebro medio. En realidad, la correspondencia de testimonios históricos para las grandes crecidas del Ebro en Zaragoza siempre se hallará más en lo sucedido en la cabecera de la cuenca.

De larelación efectuada por la ciudad de Zaragoza se desprende que si bien la de 1787 fue una inundación importante, no alcanzó la magnitud de la inesperada, ni la del resto que se describen en estos artículos

De la crecida de estos días hay una relación del Ayuntamiento en la que “la Ciudad de Zaragoza da cuenta de todas las diligencias que practicó sobre la grande salida de los Ríos Ebro y Gállego en los días 8, 9, y 10 de Octubre último (…)” (AMZ). Es una relación muy detallada de todas las “providencias” o medidas que fueron tomándose durante los tres días. De esta relación efectuada por la ciudad de Zaragoza se desprende que si bien fue una inundación importante, no alcanzó la magnitud de la anterior, ni la del resto que se describen en esta serie de artículos.

Por ejemplo, “en consideración a que en la avenida del Ebro acahecida en el año de 1775 se introdujo porción de agua de él por la Puerta de Sancho (…)  formaran una parada o antipecho (sic) al frente de esta puerta”, pero las aguas no acabaron llegando hasta allí. También se dio orden de reconocer el monasterio de Altabás, sin que se apreciara riesgo alguno, se vigila el puente de tablas pero no sufrió daños, se desalojan preventivamente las casas del Arrabal más cercanas a las balsas de Ebro viejo (de nuevo el antiguo meandro), pero nada se dice de que se llegaran a inundar o sufrir daños casas en el Arrabal (AMZ).

[1] No es común, aunque en tiempos recientes, a comienzos de junio de 2008 tuvo lugar una crecida de pequeña entidad aunque prolongada (caudales medios diarios entre 1500 y 1700 m3/s).

[2] No confundir con el barrio del Arrabal citado previamente. Aunque con mismo origen etimológico, Arrabal hace referencia al pequeño barrio de Zaragoza en la margen izquierda del Ebro en las cercanías del puente de Piedra, mientras que Rabal a todo un término o distrito más extenso también en la margen izquierda y que era regado por la acequia del mismo nombre. A veces se emplea la misma grafía para ambos, pero no así en la documentación consultada.

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